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Pensar con lápiz: cómo el pensamiento visual ayuda a tomar mejores decisiones

Pensar con lápiz: cómo el pensamiento visual ayuda a tomar mejores decisiones

Estilo de vida

A veces no es que tengas demasiados problemas.

Es que los traes todos en la cabeza al mismo tiempo.

Reuniones, pendientes, ideas, decisiones por tomar… Cuando todo se queda en la mente, es fácil sentir ruido, confusión y cansancio. Y en ese estado, decidir se vuelve más difícil.

El pensamiento visual es, en esencia, sacar lo que traes dentro y ponerlo donde lo puedas ver: en tu agenda, en una hoja, en un cuaderno. No se trata de saber dibujar, sino de usar líneas, flechas, cuadros y palabras clave para acomodar lo importante.

Y ahí la agenda se convierte en algo más que un calendario de fechas: se vuelve tu espacio para pensar con lápiz.


1. Tu agenda como lugar para “vaciar” la mente

No solo sirve para anotar citas.

Una agenda también puede ser el lugar donde estacionas tus ideas antes de tomar decisiones.

Puedes usar:

  1. La portada mensual para anotar los temas grandes del mes.

  2. Las vistas semanales para desglosar pendientes y dudas.

  3. Las páginas de notas para hacer mapas, listas y esquemas rápidos.

Un ejercicio sencillo:

  1. En la primera hoja libre, escribe al centro el tema que te preocupa:
  2. “Reorganizar el equipo”, “Cerrar el trimestre”, “Definir metas del área”.

  3. Alrededor, dibuja ramas con todo lo que influye: personas, fechas, recursos, riesgos, oportunidades.

  4. No busques que quede bonito. Solo busca que, al verlo, puedas decir: “Así está la situación”.

Cuando el problema está en tu agenda y no solo en tu cabeza, deja de ser una bola de ruido y se vuelve algo que puedes observar con más calma.


2. Ver conexiones usando la semana como mapa

Las listas lineales son útiles, pero a veces esconden relaciones importantes.

La vista semanal de tu agenda puede funcionar como un mapa visual para tomar mejores decisiones:

  1. En la parte superior, anota los tres temas clave de la semana.

  2. Usa los recuadros de cada día para escribir solo lo que se mueve ese tema: llamadas, avances, pendientes.

  3. Subraya o rodea lo que dependa de otras personas o de otras tareas.

Así empiezas a ver:

  1. Qué días se cargan demasiado.

  2. Qué decisiones se están empujando sin fecha.

  3. Dónde estás dedicando tiempo a cosas que no se conectan con tus objetivos.

Tu semana deja de ser una lista dispersa y se convierte en un esquema que puedes ajustar: mover, recortar, reagendar.


3. Tomar decisiones por etapas usando diferentes secciones

Muchas decisiones parecen enormes porque las miramos como un solo bloque.

Si usas tu agenda por niveles, puedes dividir mejor:

  1. Vista anual o de objetivos: para escribir 2–3 grandes enfoques del año.

  2. Vista mensual: para bajar esos enfoques a pasos concretos.

  3. Vista semanal: para definir qué se hace de verdad estos días.

Por ejemplo:

  1. En la parte anual: “Mejorar la coordinación del equipo”.

  2. En el mes: “Definir roles claros” y “Tener 1:1 con cada persona”.

  3. En la semana: anotar en días específicos las conversaciones clave y los acuerdos.

También puedes usar las páginas de notas para hacer una línea de tiempo sencilla:

Paso 1, paso 2, paso 3.

Verlo por escrito te ayuda a decidir por dónde empezar, en lugar de sentir que todo es igual de urgente.


4. Preparar y registrar conversaciones importantes

El pensamiento visual no solo sirve para tus decisiones en solitario. También te apoya en conversaciones con otras personas.

Puedes usar tu agenda para:

  1. Preparar una reunión: en una página, dibujar el orden de temas y anotar qué quieres lograr.

  2. Dar feedback: escribir un esquema con la situación, ejemplos y el impacto antes de hablar.

  3. Registrar acuerdos: destinar un rincón de la semana a “acuerdos y siguientes pasos”.

Si trabajas con equipo, un pizarrón puede ayudar a que todos vean el esquema durante la reunión, pero la agenda sigue siendo tu “base”: ahí guardas lo que no se puede perder, lo que necesitas revisar después y lo que se convertirá en acciones concretas.


5. Pequeños rituales para pensar con lápiz todos los días

No hace falta mucho tiempo. A veces, con 10 minutos al día basta:

  1. Antes de empezar la jornada, usa una esquina de tu agenda para dibujar el mapa del día: 3 prioridades, 2 pendientes que no se pueden mover y 1 cosa que puedes dejar para después.

  2. A media semana, toma una página de notas y haz un esquema de cómo va el proyecto que más te importa.

  3. Al final de la semana, revisa lo que quedó subrayado o marcado: ¿qué decisiones tomaste?, ¿qué sigue trabado?, ¿qué necesitas clarificar?

Tu agenda deja de ser solo un registro de lo que pasó y se convierte en una herramienta viva para pensar mejor, decidir con más calma y ver tu carga real de trabajo.


Pensar y escribir también es ordenarte por dentro

Tomarte unos minutos para escribir, dibujar o esquematizar en tu agenda no es un lujo ni una pérdida de tiempo. Es una forma sencilla de darle estructura a lo que sientes que está “demasiado en el aire”.

La próxima vez que tengas una decisión difícil o una semana que se ve pesada, abre tu agenda, toma un lápiz y convierte tus pensamientos en algo visible.

Tal vez descubras que no te faltaban respuestas, sino un espacio claro donde ponerlas.


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